
COLABORACIÓN ESPECIAL
Por Pipe
nosotros queremos / un Club de la gente
a De Tomaso / le chupa un huevo
Villa Del Parque / La Escuela y el Predio
De Tomaso botón / devolvé la institución
De Tomaso botón / la puta que te parió..."
La cosa es que si bien ser hincha de Racing siempre fue una patología muy particular, y por cierto hereditaria, en esa época pareció haber un rebrote, una epidemia. No porque haya habido más casos, sino porque los casos que ya existían habían empeorado. Estos enfermos no veían nada más que a Racing campeón. Hasta más de uno habrá pensado en postular a Mostaza para Presidente. Uno caminaba por Belgrano y veía las caras de personas preocupadas porque además de estar desempleados habían perdido los ahorros de su vida, veía en los rostros esas marcas que deja la profunda preocupación, incertidumbre y desespero. Cuando de repente, tan de repente como en “Balada para un loco”, se aparecía un hincha de Racing. Rozagante y risueño, en profundo contraste con los otros avellanenses (y por qué no de los argentinos en general) cantando por lo bajo “Que de la mano / del paso a paso / todos la vuelta vamos a dar / Vení, vení...”.
Lo cierto es que Argentina cambió. El desempleo bajó, los ingresos aumentaron, es cierto que se vive peor que en el 75 (incluso se vive peor que en el 95 ya que estamos, en estos ciclos de ahora que cuando se estabiliza la cosa se estabiliza en una situación cada vez peor que la anterior) pero aún así ya no estamos en el 2002. Las caras de la gente ya no tienen ese semblante. De todos modos, hay una fuerte escaramuza con los mismos sectores retrógrados de siempre, una polémica que divide al país nuevamente. Para los que nos gusta la política, nos parece dentro de todo positivo, en especial en comparación con la morfina mental de los 90. Hay posiciones encontradas, diferencias, conflictos, alianzas, todas esas cosas que en el fondo son reales, y es bueno que se den públicamente sino, por ser necesarias e inevitables, si no se dan públicamente se dan en las sombra palaciega y a espaldas de la gente. En Avellaneda uno caminaba el viernes y escuchaba el discurso de la Presidente por las radios de los negocios, algo que no pasaba hace mucho. Pero al lado de las caras de enojo o entusiasmo uno veía otras de preocupación. No por el destino de su trabajo o ahorros, no por estar leyendo la sección de economía de los diarios; sino por tratarse de un hincha de Racing haciendo las cuentas con los puntos de Central y Colón, con la tabla del descenso en una mano y calculadora en la otra. Nuevamente en su mundo. En una conversación entre amigos sobre temas varios los hinchas de Racing de repente se abstraían, como entrando en un transe durante unos segundos y después volvían a la conversación. En algunos casos muy agudos se les escapaba un grito o un “No... ¿y si gana Olimpo?”. No son pocas las esposas o novias que cuentan que sus novios se levantan a la noche llorando o traspirados; que esconden en el placard una vela con la estampita de la virgen María y el poster del Pepe Chatruc que compraron en la estación.
La cosa es que uno, como hincha de Independiente, podría estar en su salsa. Podría aprovechar y devolverles una a una las del 2001. Incluso podría, no como hincha de Independiente en particular sino como un indignado argentino en general, pegarles un sacudón y decirles “¿no ves macho que el país se puede hundir de vuelta y vos estás en cualquiera?”. Lo cierto es que, por más que a uno le duela, hoy la política prima sobre el fútbol, y por más hincha de Independiente que uno sea uno siempre va a querer la felicidad del pueblo. Más aún cuando en estos días el enano peronista, que todo hombre progresista que se aprecie de tal debería tener, está a toda máquina. Y uno sabe, como lo atestiguan los bustos en la puerta de la sede de Racing de la calle Mitre, que una gran parte de ese pueblo que se merece felicidad es racinguista. Filiación que se comprueba todavía más cuando uno bien podría decir “los hinchas de Racing no son buenos ni malos, son incorregibles”.
Por más que le duela, uno ve que Racing es la Patria. No ver esto, y echarles en cara el gerenciamiento con un “jodanse, ahora juegan la promoción y a llorar a la iglesia” sería echarle en cara a todo el pueblo argentino las privatizaciones y decirles “jodanse, ahora vayan a cantarle a Gardel”. Esa no puede ser la actitud de ningún hombre de bien. Es hora de deponer actitudes particularistas y luchar en pos del bien común. Es hora de unirse todos bajo el grito de “Te vamo’ a matar / te vamo’ a matar / te vamo’ a matar De Tomaso / te vamo’ a matar” y en especial “en el este y el oeste / en el norte y en el sur / brillara blanca y celeste / la Academia Racing Club”
